El intrusismo como coartada para la exclusión de periodistas

Si por algo nos caracterizamos los periodistas es por la escasa solidaridad existente de puertas para adentro. Entre bastidores, las penosas condiciones laborales son sufridas como una penitencia que toca llevar a cuestas. Y las asociaciones de periodistas que han de velar por los intereses y dignificación de los que ejercemos la profesión no encuentran los mecanismos necesarios para actuar con contundencia y atajar las precarias condiciones en la que viven los periodistas de este país.

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Si ya de por sí sobrevivir en la profesión hoy en día es puro funambulismo, a ello se añade el agravante de tener al enemigo en casa, encarnado en juntas directivas de asociaciones de periodistas que meten la pata pretendiendo segregar a sus propios asociados. Les cuento un chascarrillo: la junta directiva de la Asociación de la Prensa de Ciudad Real (APCR) no está por la labor de permitir la entrada de periodistas no titulados en el futuro Colegio Profesional de Periodistas de Castilla-La Mancha.

Dicho así, la mayoría de ustedes pensarán que es una postura lógica, el defender la inclusión de aquellos que tengan la titulación específica. Sin embargo, en esta historia concurren varios matices que la junta directiva de la APCR pervierte hasta el punto de presentarlos ante la opinión pública como amenazas que “debilitan” el futuro Colegio Profesional de la región.

El trasfondo no es otro que la oposición de la junta directiva de la APCR a que periodistas que no poseemos el título pero estamos reconocidos por la FAPE (Federación de Asociaciones de Prensa de España) para ejercer profesionalmente el oficio formemos parte de ese “selecto” club de colegiados. Un apartheid en toda regla, se mire como se mire. Ha sido tal el revuelo montado por la APCR que hasta el propio vicepresidente de FAPE ha tenido que intervenir para sacar los colores a una junta directiva que se ha retratado a base de bien.

Sobre todo por querer dárselas de paladines del corporativismo y despreciar a la propia Federación Regional de Periodistas que aboga por incorporar una medida transitoria y excepcional para que aquellos periodistas no titulados, pero registrados en FAPE, podamos acreditar nuestra experiencia y se nos permita el acceso al Colegio Profesional de la región.

Estoy cansado de escuchar cómo algunos compañeros enarbolan el mantra del “intrusismo” profesional como el principal mal endémico de la profesión. Puedo entender la ojeriza y malestar que ocasiona a un titulado en Periodismo que alguien sin esos estudios esté viviendo del oficio; hasta cierto punto, comprendo que nos vean con recelo y que nunca terminemos de ser aceptados. Pero cuando se demoniza sin más al “profano”, pasando por alto sus cualidades, su trayectoria profesional y su valía, entramos en un terreno demagógico baldío.

Máxime, cuando nuestra profesión no está regulada en España. El propio Aurelio Martín, en su carta remitida a las Asociaciones de Periodistas de la región y a la que ha tenido acceso eldigitaldecastillalamancha.es, así lo reconoce y además señala que la colegiación “no es obligatoria”. En base a este contexto, la eficacia que un Colegio de Periodistas pueda tener en la práctica cuesta verla. Además, crear un cisma innecesario, una fractura entre los propios asociados y excluir a los no titulados como si fuéramos apestados trae aparejado un tufo de elitismo y anhelos por crear un sistema de castas que no lleva a ninguna parte.

El vicepresidente de la FAPE explica que la asamblea general, celebrada en abril de 2006, acordó cerrar lo que se vino a llamar la “tercera vía” de acceso al Registro profesional de Periodistas, dejándolo abierto sólo en casos de excepcionalidad sometidos a examen de la Comisión de garantías, manteniendo una defensa inequívoca de la titulación universitaria en Periodismo o Comunicación Audiovisual para el ejercicio de la profesión. Y lleva más razón que un santo porque la ausencia de un marco regulatorio ha propiciado que en este sector haya un totum revolutum de profesionales.

Pero luego estamos los que hemos tenido que pasar el visto bueno de esa Comisión de garantías de la FAPE para acceder al Registro profesional. No se trata de un trámite al uso; todo lo contrario. Te exigen acreditar una serie de años ininterrumpidos trabajando en periodismo así como un estudio pormenorizado de tu trabajo ya sea en prensa, radio o televisión. Cuando alguien “profano” es admitido por la FAPE habida cuenta de lo difícil que resulta, supone una satisfacción y un infinito agradecimiento a este órgano por garantizarnos el poder dedicarnos a esta apasionante profesión.

El que ahora la junta directiva de la APCR pretenda apartarnos a los no titulados en la cuneta es rastrero como poco. Pero así les luce pues se han llevado un rapapolvo desde la propia FAPE. Aurelio Martín lo deja bien claro en la siguiente afirmación: “dejar sin incluir a estos profesionales, que forman un grupo de experimentados y veteranos periodistas, supondría una división importante en el colectivo que repercutiría en la creación del Colegio, principalmente porque le impulsan las asociaciones de periodistas en las que están integrados desde hace varias décadas, con una actividad laboral sobradamente demostrada”.

De paso, recuerda a la APCR que ese mismo criterio (el de integrar en los organismos colegiales a los profesionales no titulados como medida transitoria y excepcional) se ha plasmado en las leyes de creación de otros Colegios de Periodistas como Cataluña, Murcia, Galicia, Andalucía, Castilla-León, La Rioja así como en otros textos en tramitación, como el de la creación del Colegio de Periodistas en Navarra. Y advierte que “de no seguir esta tónica legislativa se provocaría una falta de homogeneización de los miembros de los colegios profesionales”.

En román paladino, que la junta directiva de la APCR se pliegue a lo acordado so pena de pasar a la historia de la FAPE como el caso paradigmático de unos representantes insolidarios y excluyentes. Martín, por si hubiera dudas, les recuerda también que la iniciativa de creación de los colegios partió de la FAPE “por considerar que son un mejor instrumento para la defensa de los intereses de la profesión”. Una defensa sensata donde tengan cabida todos aquellos que de alguna u otra forma estamos acreditados por el máximo organismo a nivel estatal para dedicarnos al periodismo.

Fíjense en qué entuertos nos vemos inmersos los periodistas. Nosotros mismos nos ponemos zancadillas, nos puteamos para dificultarle al compañero que se busque la vida en el oficio.  Algunos no se enteran de que lo más relevante en esta profesión no es quedarse en la procedencia del reportero si no lo que éste aporta a la sociedad, su contribución en forma de cualidades virtuosas para enriquecer el oficio. Ya lo dijo el gran periodista polaco Kapucinsky: “los cínicos no sirven para este oficio”.

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