Réquiem por Las Tiñosas

El próximo 1 de febrero de 2017 será un día aciago para la comarca del Valle de Alcudia-Sierra Madrona. Si nada lo remedia, dará comienzo la demolición de las “casitas” de Las Tiñosas y se propinará el enésimo revés a los anhelos por conservar y mantener un trocito de patrimonio cultural y natural.

Imagen de la fuente de Las Tiñosas (Foto: Cristian Rojas)

Imagen de la fuente de Las Tiñosas (Foto: Cristian Rojas)

Lamentablemente, en nuestro territorio nos hemos desensibilizado demasiado pronto ante la pérdida gradual de elementos patrimoniales que son claves para entender la importancia estratégica de un territorio, que pese a estar declarado como Parque Natural, sigue adoleciendo de una falta de arrojo y coherencia para posicionar toda la zona como un destino turístico sostenible y que pueda posibilitar la reactivación socioeconómica de municipios condenados al envejecimiento de su población y a la emigración de parte de la misma.

Y como os decía, el próximo 1 de febrero será otro día fúnebre para el territorio. Ya han colgado la esquela pertinente, al sepelio podrá asistir todo aquél que sienta cierto desgarro en su corazón ante la extremaunción que se va a dar a un conjunto de casas que fueron cedidas en su día a antiguos trabajadores de Mina Diógenes, una explotación minera ya cerrada que tuvo gran importancia pues desde la antigüedad los romanos llegaron a asentarse en un poblado para extraer la galena argentífera.

Las Tiñosas siempre se ha vinculado a la actividad minera en Diógenes y cuando la mina cerró en los años 70 del pasado siglo, el declive se hizo notorio. Hasta tal punto de que, al parecer, sus días están contados. De nuevo el tic-tac corroe las esperanzas porque los agentes del territorio sepan dinamizar y poner en valor recursos que se van al garete por el tema recurrente, los propietarios de fincas (muchos recursos no puestos en valor están dentro de las mismas) a los que no les duelen prendas derrumbar edificios que poseen una carga histórica importante. Si a ello sumamos que en Las Tiñosas hubo un balneario de aguas ferruginosas (cuyo acceso está cerrado a cal y canto) y aún existe una fuente con templete de la que mana apenas un hilillo de “agua agria”, alcanzamos a entender la relevancia de una zona que en el ámbito de los hervideros volcánicos (tan extendidos en el Campo de Calatrava) adquiere características propias y singulares.

Casas de Las Tiñosas (Foto: Cristian Rojas)

Casas de Las Tiñosas (Foto: Cristian Rojas)

Pero nada de esto parece importar a las administraciones. Ni al ayuntamiento de Solana del Pino (el paraje de Las Tiñosas está dentro de su término municipal) quien ha concedido la licencia para iniciar las tareas de derrumbe, ni a la dirección del Parque Natural que parece mirar a otro lado. Por mucha estrategia de desarrollo, por mucho Plan Rector de Usos que se pretenda aprobar, de algún modo, coparticipan para dar la puntilla a Las Tiñosas, y otro recurso turístico que se irá al carajo.

¿Por qué insisto tanto en la relevancia del antiguo balnerario de Las Tiñosas? Hagamos un poco de recorrido histórico:

En una de las obras del insigne médico puertollanense Alfonso Limón y Montero, encontramos la primera referencia pues el galeno no hace una descripción de las propiedades medicinales de sus aguas como las que hace para otras de características similares; pero en el libro “Bibliografía hidrológica-médica española.-Manuscritos y Biografías” de Leopoldo Martínez Reguera escrito hacía el año 1818 se señala lo siguiente: “Este manantial de Las Tiñosas ha llegado a cobrar tal fama y concurrencia, que hace años, suele exceder de 1000 el número de bañistas, lo cual debería llamar la atención del Gobierno”.

Localizado en la dehesa el Manzano, su propietario en el año 1909 era el ingeniero belga y exdirector de las minas del Horcajo Leopoldo Meyer; este manantial de aguas minerales fue considerado en su tiempo de gran importancia debido a las propiedades curativas de sus aguas que se usaban para gran número de enfermedades, sobre todo de las que afectaban a la piel, al sistema nervioso y al sistema digestivo. “Al pie de una gigantesca montaña, cubierta de frondosa vegetación que oculta entre espesos matorrales e inmensos arbustos las enormes rocas que la forman, se hallan el baño, fonda, amplios cuarteles, paseos, jardines, arboledas, fuentes y demás comodidades que su dueño ha construido, aunque a sabiendas de que los rendimientos jamás equilibrarían los gastos hechos, pues cuenta con un obstáculo por ahora insuperable que se refiere a los difíciles medios de comunicación”.

Sin embargo, eran muchas las familias que de pueblos como Torrecampo, Villanueva de la Serena, Pedroches, Conquista y otros puntos de Extremadura, así como de pueblos como Mestanza, Hinojosas, Solana del Pino, Cabezarrubias, Puertollano, San Lorenzo y El Hoyo, acudían “a este escondido y ameno lugar en busca de la anhelada salud. La casa del dueño es un hotelito compuesto de tres pabellones, rodeada de un hermoso jardín con abundantes árboles frutales, como naranjos, limoneros o acacias, eucaliptus y algunas palmeras enanas”. En estas fechas el administrador del balneario era Juan Valero.

En el año 1927 figuraba como establecimiento de aguas mineromedicinales legalmente reconocido dentro de la provincia de Ciudad Real, siendo su propietario Oswaldo Meyer, perdiendo la consideración de balneario de utilidad pública según el nuevo Estatuto de Balnearios de 1929. Fue clausurado por no haber solicitado su dueño la declaración de utilidad pública.

La fuente de agua agria en Las Tiñosas no es el único manantial. En los libros consultados se hace referencia a otro manantial más elevado que nace en la falda norte del cerro del Rabanal, a 800 metros sobre el nivel del mar. Su caudal llegó a ser de 14 litros por minuto y su temperatura de 15º; era empleado para el baño.

Como se puede apreciar, nada de lo anterior es motivo de peso para proceder a la recuperación de un lugar que irremediablemente engrosará la lista de recursos patrimoniales extintos en el Parque Natural Valle de Alcudia-Sierra Madrona. Suma y sigue.

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El intrusismo como coartada para la exclusión de periodistas

Si por algo nos caracterizamos los periodistas es por la escasa solidaridad existente de puertas para adentro. Entre bastidores, las penosas condiciones laborales son sufridas como una penitencia que toca llevar a cuestas. Y las asociaciones de periodistas que han de velar por los intereses y dignificación de los que ejercemos la profesión no encuentran los mecanismos necesarios para actuar con contundencia y atajar las precarias condiciones en la que viven los periodistas de este país.

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Si ya de por sí sobrevivir en la profesión hoy en día es puro funambulismo, a ello se añade el agravante de tener al enemigo en casa, encarnado en juntas directivas de asociaciones de periodistas que meten la pata pretendiendo segregar a sus propios asociados. Les cuento un chascarrillo: la junta directiva de la Asociación de la Prensa de Ciudad Real (APCR) no está por la labor de permitir la entrada de periodistas no titulados en el futuro Colegio Profesional de Periodistas de Castilla-La Mancha.

Dicho así, la mayoría de ustedes pensarán que es una postura lógica, el defender la inclusión de aquellos que tengan la titulación específica. Sin embargo, en esta historia concurren varios matices que la junta directiva de la APCR pervierte hasta el punto de presentarlos ante la opinión pública como amenazas que “debilitan” el futuro Colegio Profesional de la región.

El trasfondo no es otro que la oposición de la junta directiva de la APCR a que periodistas que no poseemos el título pero estamos reconocidos por la FAPE (Federación de Asociaciones de Prensa de España) para ejercer profesionalmente el oficio formemos parte de ese “selecto” club de colegiados. Un apartheid en toda regla, se mire como se mire. Ha sido tal el revuelo montado por la APCR que hasta el propio vicepresidente de FAPE ha tenido que intervenir para sacar los colores a una junta directiva que se ha retratado a base de bien.

Sobre todo por querer dárselas de paladines del corporativismo y despreciar a la propia Federación Regional de Periodistas que aboga por incorporar una medida transitoria y excepcional para que aquellos periodistas no titulados, pero registrados en FAPE, podamos acreditar nuestra experiencia y se nos permita el acceso al Colegio Profesional de la región.

Estoy cansado de escuchar cómo algunos compañeros enarbolan el mantra del “intrusismo” profesional como el principal mal endémico de la profesión. Puedo entender la ojeriza y malestar que ocasiona a un titulado en Periodismo que alguien sin esos estudios esté viviendo del oficio; hasta cierto punto, comprendo que nos vean con recelo y que nunca terminemos de ser aceptados. Pero cuando se demoniza sin más al “profano”, pasando por alto sus cualidades, su trayectoria profesional y su valía, entramos en un terreno demagógico baldío.

Máxime, cuando nuestra profesión no está regulada en España. El propio Aurelio Martín, en su carta remitida a las Asociaciones de Periodistas de la región y a la que ha tenido acceso eldigitaldecastillalamancha.es, así lo reconoce y además señala que la colegiación “no es obligatoria”. En base a este contexto, la eficacia que un Colegio de Periodistas pueda tener en la práctica cuesta verla. Además, crear un cisma innecesario, una fractura entre los propios asociados y excluir a los no titulados como si fuéramos apestados trae aparejado un tufo de elitismo y anhelos por crear un sistema de castas que no lleva a ninguna parte.

El vicepresidente de la FAPE explica que la asamblea general, celebrada en abril de 2006, acordó cerrar lo que se vino a llamar la “tercera vía” de acceso al Registro profesional de Periodistas, dejándolo abierto sólo en casos de excepcionalidad sometidos a examen de la Comisión de garantías, manteniendo una defensa inequívoca de la titulación universitaria en Periodismo o Comunicación Audiovisual para el ejercicio de la profesión. Y lleva más razón que un santo porque la ausencia de un marco regulatorio ha propiciado que en este sector haya un totum revolutum de profesionales.

Pero luego estamos los que hemos tenido que pasar el visto bueno de esa Comisión de garantías de la FAPE para acceder al Registro profesional. No se trata de un trámite al uso; todo lo contrario. Te exigen acreditar una serie de años ininterrumpidos trabajando en periodismo así como un estudio pormenorizado de tu trabajo ya sea en prensa, radio o televisión. Cuando alguien “profano” es admitido por la FAPE habida cuenta de lo difícil que resulta, supone una satisfacción y un infinito agradecimiento a este órgano por garantizarnos el poder dedicarnos a esta apasionante profesión.

El que ahora la junta directiva de la APCR pretenda apartarnos a los no titulados en la cuneta es rastrero como poco. Pero así les luce pues se han llevado un rapapolvo desde la propia FAPE. Aurelio Martín lo deja bien claro en la siguiente afirmación: “dejar sin incluir a estos profesionales, que forman un grupo de experimentados y veteranos periodistas, supondría una división importante en el colectivo que repercutiría en la creación del Colegio, principalmente porque le impulsan las asociaciones de periodistas en las que están integrados desde hace varias décadas, con una actividad laboral sobradamente demostrada”.

De paso, recuerda a la APCR que ese mismo criterio (el de integrar en los organismos colegiales a los profesionales no titulados como medida transitoria y excepcional) se ha plasmado en las leyes de creación de otros Colegios de Periodistas como Cataluña, Murcia, Galicia, Andalucía, Castilla-León, La Rioja así como en otros textos en tramitación, como el de la creación del Colegio de Periodistas en Navarra. Y advierte que “de no seguir esta tónica legislativa se provocaría una falta de homogeneización de los miembros de los colegios profesionales”.

En román paladino, que la junta directiva de la APCR se pliegue a lo acordado so pena de pasar a la historia de la FAPE como el caso paradigmático de unos representantes insolidarios y excluyentes. Martín, por si hubiera dudas, les recuerda también que la iniciativa de creación de los colegios partió de la FAPE “por considerar que son un mejor instrumento para la defensa de los intereses de la profesión”. Una defensa sensata donde tengan cabida todos aquellos que de alguna u otra forma estamos acreditados por el máximo organismo a nivel estatal para dedicarnos al periodismo.

Fíjense en qué entuertos nos vemos inmersos los periodistas. Nosotros mismos nos ponemos zancadillas, nos puteamos para dificultarle al compañero que se busque la vida en el oficio.  Algunos no se enteran de que lo más relevante en esta profesión no es quedarse en la procedencia del reportero si no lo que éste aporta a la sociedad, su contribución en forma de cualidades virtuosas para enriquecer el oficio. Ya lo dijo el gran periodista polaco Kapucinsky: “los cínicos no sirven para este oficio”.

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Mi paso cambiado siempre irá (resistencias al cambio de modelo)

A la mayoría de periodistas que nos dedicamos al oficio, la transformación del modelo nos pilló con el pie cambiado. El origen de los males fue endogámico pues buena parte de culpa a esta falta de adaptación al entorno digital la tuvimos los propios periodistas, poco acostumbrados al feedback.  resistencias del oficio

Pasar de un mensaje unidireccional a otro donde el lector, radioyente o telespectador participa, comenta y genera valor añadido a tu noticia no fue, en principio, bien recibido. Muchos se lo tomaron como una intromisión y es que en el fondo, los que nos dedicamos a este oficio somos unos vanidosos de cuidado. En cambio, actualmente generar sinergias o alianzas tanto con bloggers como los llamados “periodistas ciudadanos” es algo indispensable.

Pero nuestra idiosincrasia no fue la única causante. Lo profesionales del oficio tuvimos que ungirnos ante el cambio tecnológico sin apenas transición. Hubo que ponerse al día en el conocimiento y manejo de herramientas que por aquél entonces nos resultaban desconocidas. Eso de los CMS y CSS, el lenguaje HTML, generar enlaces o tratamiento digital de imágenes nos sonaba a chino. Aunque lo que más preocupaba era crear una nueva narrativa o cómo escribir para internet.

Lo cierto es que la conversión de las redacciones tradicionales en redacciones híbridas (donde coexiste un modelo mixto off-on) ha sido, en líneas generales, caótica. Y eso pasa factura en el contenido que, a fin de cuentas, es el principal valor de cualquier medio de comunicación.

Los profesionales aprendimos a salto de mata y muchos siguen sin saber redactar noticias en un entorno digital: el estilo de redacción continúa siendo distante, no se linkean párrafos que conducen a noticias relacionadas, no se resalta en negrita aquella frase que se quiere destacar, no se tienen los suficientes conocimientos para editar fotografías e incluso realizar alguna infografía. O más preocupante aún, no se actualiza el contenido de una noticia. Es frecuente ver cómo en muchas cabeceras locales o provinciales aparezca como noticia de portada algo que sucedió días atrás sin que ni siquiera se hayan molestado en actualizar o modificar el contenido.

Si eso ocurre con los contenidos, el apartado de la interfaz también se las trae. Hoy en día, siguen siendo muchos los diarios digitales locales, provinciales o regionales que no están adaptados para dispositivos móviles lo cual ejemplifica el grado de desconocimiento y confusión que se tiene respecto al entorno digital. Cuando a determinados compañeros les preguntas si el site donde publican está adaptado para smartphone o tablet, sencillamente lo desconocen. Incluso, los propios directores del medio o responsables del mismo tampoco contemplan como algo prioritario adaptar los contenidos a dispositivos móviles para que la experiencia de navegación del usuario sea más agradable.

También hay otra problemática inherente. En algunos casos, los contenidos generados no poseen valor añadido. Sigue habiendo en cabeceras digitales locales, provinciales o regionales la existencia de malas prácticas como el “copia y pega” de contenidos remitidos por agencias, se los “fusila” tal cual como se dice en nuestra jerga. Por desgracia, la mayoría de las plantillas han sido diezmadas, el trabajador ha de asumir más funciones por menos sueldo, encima has de responsabilizarte de generar y difundir contenidos en redes sociales o supervisar la competencia.

El resultado es que apenas se investiga ni se profundiza en las noticias de actualidad. Con lo que al usuario no se le está ofreciendo un contenido atractivo que haga del medio digital un referente.

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Los números de 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 910 veces en 2013. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 15 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Gravity: Flotando entre la vida y la muerte

Ahí arriba, no hay sitio para la vida humana. Ahí arriba, es el espacio; el escenario donde se desarrolla la acción de Gravity, obra magna del mexicano Alfonso Cuarón y que para muchos críticos y cineastas supone la mejor filmación Stone vuelve a la vidasobre el espacio que jamás se ha realizado. Quizás, la grandilocuencia de la afirmación actúe como repelente para algún que otro espectador. Sin embargo, nos encontramos ante una propuesta aterradoramente bella que discurre a cientos de kilómetros de la órbita terrestre.

Ahí arriba, en el espacio, la temperatura exterior oscila entre los -100 y -150 grados bajo cero. No hay oxígeno, no hay forma de transmitir el sonido y el silencio sobrecoge. Durante unas maniobras en un transbordador norteamericano, el astronauta Mat Kowalski y la doctora Ryan Stone se ven sorprendidos por el impacto a toda pastilla de basura espacial. Esquirlas y fragmentos de un satélite destruido por los rusos y que orbita sin control. Con tan mala suerte, que esa chatarra a velocidad endiablada impacta contra el transbordador.

Debido al choque, Kowalski y Stone se desprenden de la nave, van a la deriva por el espacio y encima han perdido la conexión con la base de Houston. Espeluznantes secuencias las que muestra Cuarón como la de Ryan Stone dando vueltas sin parar, con respiración agitada, sumida en pleno ataque de pánico y teniendo la angustiosa sensación de haberse convertido en un objeto a la deriva por el gran vacío negro mientras contempla atónita cómo se va alejando de su planeta.

¿Cómo sobrevivir en estas condiciones? La única (y remota) posibilidad pasa porque Kowalski rescate a Stone, se unan a través de una cuerda y ya que el traje del primero está dotado de una cápsula difusora que le permite controlar el movimiento puedan acercarse a la Estación Espacial Internacional y desde allí acceder a la sonda Soyuz para regresar a la Tierra. A ello se añade la incertidumbre de no saber si alguien allí abajo está al tanto de que ambos siguen vivos. Kowalski repite varias veces una frase demoledora: “Transmitiendo a ciegas”.

Ingredientes estupendos para que el espectador se sumerja desde el principio en una historia beatífica, que alterna momentos de sublime belleza como las vistas inefables de la Tierra y otros terroríficos como la insignificancia de la vida humana en una inmensidad donde sólo impera el silencio y la ingravidez.

Esa dualidad latente entre esperanza y nihilismo es la que atormenta la cabeza de Stone. Encarnada por una espléndida Sandra Bullock, este personaje femenino cobra protagonismo absoluto cuando junto a Kowalski consiguen alcanzar la Estación Espacial Internacional. Pero la adversidad se ceba de nuevo con ellos porque poco antes de meterse en la sonda Soyuz, los fragmentos de basura espacial impactan de lleno contra la Estación Espacial por lo que Kowalski se ve obligado a desprenderse de Stone para no verse abocados a ir a la deriva. A partir de ese momento, Stone deberá sobrevivir con la única ayuda de su voluntad. Deberá gobernar como pueda la Soyuz, arrancarla leyendo correctamente el manual de uso escrito en ruso y lograr descender a la Tierra sana y salva

Antes de esto, Cuarón nos deleita con una secuencia suprema con ciertos guiños a lo Stanley Kubrick. Stone se está quedando sin oxígeno en su escafandra, la Estación Espacial Internacional está a tiro de piedra pero el dióxido de carbono empieza a asfixiarla. Apenas sin resuello consigue introducirse en el interior de la nave, enciende como puede los dispositivos de los que emana el oxígeno y como si estuviera haciendo un esfuerzo terminal se quita el traje espacial, respira jadeando, comienza a revivir y aquello se amplifica de tal modo que adopta una posición semejante a la de un feto en el interior de la placenta. En este caso, una humana flotando dentro de una nave espacial y respirando oxígeno artificial. Nunca una secuencia había descrito de forma tan contundente la pasmosa fragilidad del hombre en el espacio.

Ahí arriba, la vida humana está condenada a volverse inerte. El espacio es el peor sitio donde puede estar una persona; la osadía del hombre por desafiar las leyes del universo tiene un alto coste. Por mucho avance tecnológico, por mucho ímpetu de querer explorar la única frontera que le está vetada. A las mínimas de cambio, en cuanto lo tecnológico tenga cualquier fallo, la vida humana no vale nada. Una minúscula presencia en la gigantesca oscuridad que engulle todo lo que pretenda rebelarse ante sus reglas.

Este desafío existencial gravita a modo de trasfondo en la película de Cuarón. El hombre como elemento indómito. Ryan Stone como personificación de que sobrevivir ahí arriba es una temeridad, un intento baldío, una sublevación insolente que no lleva a ninguna parte. Lo más sensato es abandonarse, no luchar por tu supervivencia, dejar que la muerte llegue ahí arriba, el único sitio donde nadie puede hacerte daño, donde nadie te va a molestar. Esa tremenda soledad del espacio tienta a Stone para tener un fallecimiento dulce.

Sobre todo cuando comprueba que la Soyuz está sin combustible y encima se ha desatado un incendio fortuito en el resto de la nave principal. Más adversidades que complican una historia ya de por sí inédita por la forma en cómo está rodada pues el 3D ahonda esa sensación de ingravidez y por el silencio que permanentemente se destila. No extraña que la banda sonora compuesta para Gravity dure 72 minutos de los poco más de 90 que tiene el metraje.

Stone debe elegir: morir sin más ahí arriba o intentar regresar a la Tierra, vivir para contar algo que dejará a todos alucinados como recuerda insistentemente. Aquellas fueron las últimas palabras de Kowalski y actúan como estímulo en estos momentos. Se produce un despertar en una exangüe Stone que aterida de frío, sin apenas oxígeno y en el interior de una sonda sin combustible se limita a escuchar la voz de un hombre que ha sintonizado en la radio quizás para sentirse acompañada en sus últimos momentos. Ahí arriba, la muerte de un ser humano pasa terriblemente desapercibida. Un acontecimiento ínfimo para el universo y una tragedia para Stone que no se lo puede permitir.

Sin embargo, ahí arriba, cuando estaba a punto de morir, Stone se sintió más viva que nunca. Renació la esperanza en su interior y con ella la grandeza inherente del ser humano. La forma de vida más imprevisible que existe. Incluso ahí arriba, donde el hombre no significa nada.

Gravity hipnotiza. A través de una historia tan increíble reflexiona acertadamente sobre los verdaderos motivos por los que el hombre ha de vivir. Pese a estar solos, rodeados de ese inmenso vacío, de esa creación monstruosa que nunca llegaremos a comprender. Cuarón, con este excelso film confirma que somos terriblemente humanos. También ahí arriba.

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Mi video en Youtube

Se trata de un trabajo audiovisual realizado en el curso de Community Manager que estoy llevando a cabo con Fundación UNED. En él he querido reflejar la necesidad de preservar lo más importante de nuestro planeta; la vida y por tanto conservar la biodiversidad. Espero que os guste.

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