La reinvención de la ciudadanía de Puertollano ante un futuro sombrío

La ciudadanía de Puertollano decide reinventarse para afrontar su futuro desde una óptica activa de participación. El pasado 17 de junio más de 9.000 personas  (8.500 según datos ofrecidos por la Policía Local) abarrotaron las calles de la localidad, convocados por la Plataforma Ciudadana por el futuro de Puertollano.

El pueblo dicta sentencia. Dice basta, saca los colores a la clase política y anuncia el inicio de una lucha auto-organizada, despojada de palabrería y sin encomendarse  a actores de la esfera política y sindical que pretendan abanderar el sentimiento de indignación y abandono que existe entre los puertollanenses.

Miles de personas expresaron su enojo por la inacción de la clase política ante el marasmo socioeconómico que azota a Puertollano. Pero lo más importante, este movimiento ciudadano tiene un poder de convocatoria que ha de calificarse como éxito rotundo y sin precedentes.

Las consecuencias de los recortes y la caída en picado de la actividad económica han hecho germinar un nuevo modelo ciudadano. Personas que se sienten desapegadas del mensaje político, más preocupante aún, ciudadanos que han dejado de creer en sus representantes, tanto locales como autonómicos. Un voluminoso grupo de la población ha decidido hacer la guerra por su cuenta, dejaron de confiar, repelen una dialéctica trufada en mensajes condescendientes que naufragan en el océano de la acción.

Un plebiscito en toda regla

Lo sucedido el 17 de junio puede calificarse de plebiscito con mayúsculas: el pueblo toma el testigo, adopta el rol de ciudadanía activa e implicada y aparta de un empujón clichés políticos que a la hora de la verdad son grilletes para desactivar la participación.

El pueblo de Puertollano no se muere, está más vivo que nunca. Así rezaba en la pancarta de cabecera, “Puertollano no se muere, aquí están sus ciudadanos” que fue portada exclusivamente por mujeres. La población reivindica sus raíces mineras, su espíritu combativo, sabe que ha llegado el momento de coger al toro por los cuernos y de encontrar en su unión la fuerza de un movimiento que ha surgido en las redes sociales y al que se han ido agregando multitud de personas.

Nadie puede cuestionar ni negar la potencialidad implícita en un movimiento que acaba de dar sus primeros pasos. Cabe preguntarse ¿Y ahora qué? Cuáles van a ser los próximos pasos, las siguientes acciones, si el movimiento va a derivar en un modelo asambleario o se va a convertir en juez y supervisor de los grupos políticos municipales. Demasiadas incógnitas que se van a ir despejando en los próximos meses.

Hay un poco de todo; este movimiento ciudadano es una miscelánea de personas que comparten un mismo objetivo: la defensa irrenunciable de la actividad socioeconómica de la localidad. Además, cuenta con el respaldo de buena parte del tejido social, de asociaciones vecinales y otros colectivos muy respetados en el municipio (caso de la Hermandad de Donantes de Sangre).

Es muy probable que estemos asistiendo a una nueva fase en las relaciones de la ciudadanía con su municipio. La gente no está para bromas, ha perdido la paciencia, expresan su frustración y malestar porque desde la esfera política no se esté haciendo nada reseñable para impedir el derrumbe de una comarca industrial.

Desde la plataforma se ha exigido el compromiso activo de la clase política, que la escenificación de la unidad materializada días atrás se concrete en acciones, que a la gente de nada le sirve que los representantes se hagan una foto y santas pascuas. Muchas cosas están cambiando. Puertollano asiste a una revuelta cívica y de necios sería negar esta realidad.

También dejó meridianamente claro que no hay una mano negra detrás, que nadie quiere sacar tajada o rédito político. Es más, si algún grupo político se atreve siquiera a sugerir algo así estaría cometiendo un error de bulto, estaría despreciando la fuerza de un movimiento ciudadano que tiene capacidad de presión y que está muy cabreado.

Estos ciudadanos se transforman en actores de su propio destino, no van a dejar en manos de nadie su futuro. Se vislumbra una presión popular de aúpa hacia los grupos políticos. A ellos les corresponde encajar en este puzzle. Deben mover ficha, les guste o no, porque si algo ha quedado demostrado tras esta manifestación es que la ciudadanía cuenta con un poder de unión y reclamaciones que no puede ser ignorado.

La ciudadanía de Puertollano ha redescubierto su capacidad de organización. El ciudadano 2.0 encuentra en las redes sociales un vivero de ideas y propuestas por realizar de impredecibles consecuencias. Ellos ya han dado el paso, caminan juntos, confían en que la clase política les acompañe. Pero no se van a quedar a esperarlos. Lo que está pasando es una muestra de madurez democrática ejemplar.

Lee el manifiesto íntegro elaborado por la Plataforma Ciudadana por el futuro de Puertollano

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