El Ocaso de la Agenda 21 Local (Fagocitaciones de la crisis)

 

 Luis F. Barrios es Consultor en Desarrollo Local y Medio Ambiente desde 1994. Este puertollanense, también es Coordinador de Alternatura, una consultora especializada en estudios de sostenibilidad e innovación ambiental. Desde su púlpito de la Educación Ambiental, Barrios reflexiona en el siguiente artículo sobre el ninguneo y acorralamiento que padece la Agenda Local 21, una herramienta necesaria para el desarrollo sostenible de los pueblos y que en la actual crisis se está marginando. 

Resulta recurrente y ejemplarizante hacer mención a la sociedad civil que desde el 15 de marzo de 2011  está demandando “Democracia Real, Ya”, frente a las putrefactas democracias residentes y anquilosantes. El principal déficit que ha llevado a estos colectivos reivindicantes a “echarse a la Plaza”, amén de la crisis, ha sido y es hacer valer la Participación Ciudadana y por ende a la Democracia Participativa, a la fecha inoperante y ampliamente ninguneada por aquellos que, curiosamente, debieran ser sus mayores valedores, los políticos.

Si a este déficit inveterado, le  sumamos  la Insostenibilidad, probada y meridianamente clara que apareja el modelo económico neoliberal imperante,  depredador geométrico de los recursos naturales y sociales, hasta el punto de que ya nadie duda de las consecuencias más perversas, el desmantelamiento de los derechos sociales y el Cambio Climático. Cobra, entonces, potencia y vigor saber y tener una herramienta que fomenta la participación y la sostenibilidad desde la perspectiva local, léase la Agenda 21 Local.

Validar y reconocer una metodología que sobre el papel planifica, estratégica y sosteniblemente el futuro de pueblos y ciudades desde la perspectiva social, económica, ambiental y cultural, debería ser el objetivo número uno de las preocupaciones sociales y políticas de este país. Nada más lejos, la irrupción de las A21L en las corporaciones locales, en la mayoría de casos por imposición que no por devoción,  ha supuesto y supone la zozobra de los mecanismos clásicos y encorsetados de participación ciudadana sostenidos por la mayoría de corporaciones locales caducas.

El enfoque de democracia participativa en este nuestro país, no ha tenido trascendencia más allá del voto cuatrienal, los mecanismos de participación en el ámbito más próximo, el municipio, tampoco han espoleado la participación ciudadana, consecuencia de su absolutismo y falta de transparencia endémica, (“todo para el pueblo, pero sin el pueblo”) y que han devenido  en  su manifiesta  ineficacia a la hora de afrontar los problemas generados por la ansiolítica  economía “libre” de mercado.

Los cambios vertiginosos que se producen en nuestra sociedad global con una traslación fulgurante al ámbito  local, por ejemplo la crisis actual, exigen de una respuesta lo más inmediata posible, con sus correspondientes tomas de decisiones, que tendrían una mayor aceptación y predicamento local, si la ciudadanía expresara  sus alternativas y propuestas.

En el sentido que se apunta, los retos de la Agenda 21 Local contemplan la necesidad de hacer cómplice a la ciudadanía en los procesos de decisión municipal, así como dotar a la sociedad de mecanismos que aporten voz y soluciones y con ello prevengan, corrijan  o minimicen  la aparición de conflictos. La incorporación de la participación ciudadana como catalizador de acuerdos es, en definitiva, el principal input de una Agenda 21 Local, sin obviar el modelo de sostenibilidad que propugna, y verificando su valor transversal de ejercicio activo de la democracia participativa y sostenible.

El reduccionismo simplista de combatir la Crisis Sistémica actual utilizando a la austeridad como el bálsamo de Fierabrás, y a la tijera como su fiel escudero, no sólo está afectando al deterioro y desmantelamiento del bienestar público, que con tanto sacrificio se conquistó,  sino a algo más importante, a meter el miedo y resignación al ciudadano al objeto de narcotizarlo, y bajo esta anestesia “capar” , más que recortar, su derecho más intimo, a la vez que público, a ser ciudadano libre y a participar activa y democráticamente de su ciudadanía.

La metafísica más real de la sostenibilidad como proceso es o debiera de ser  la A21L, hasta el punto que en estos momentos de virulencia crítica para la sociedad y el entorno natural que nos sustenta, podría ser el elemento vehicular que implicara al tejido social en la resolución de los conflictos sobrevenidos, los propios y los ajenos,  si bien es cierto que todo el “papel, literatura y vocerío” que nos arrojan a diario no han sido capaces de mencionar, ni por asomo, lo que aquí exponemos.

Por último, un dato cercano que corrobora el ostracismo que está sufriendo la A21L en el caso manchego. Se han reducido a casi “cero” las aportaciones que la JCCM dotaba tanto a las contrataciones de los Técnicos municipales y comarcales de A21L, como a las partidas municipales para el desarrollo de los Planes de Acción, claro está que las preocupaciones de nuestros adláteres de la “prima de riesgo”, no pasan ni por la sostenibilidad, ni por la participación ciudadana, ya que su elevado grado de estulticia les hacen pensar que están por encima de estas veleidades  “perroflautas” y ecologistas.

¡Apaga y Vámonos!

Descargar el Anuario de actividades de Alternatura en 2011

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