Mostrando el mapa del tesoro

Conversar con Lorenzo es sinónimo de espeleología mental. Se profundiza tanto, se llega a regiones del ser tan abisales que el interlocutor se convierte en un buzo de la comunicación. Más que hablar con él, es preferible escucharle, desplegar la antena auditiva y sintonizar la frecuencia vibratoria que emite. Lorenzo habla de la vida, de la realidad, mejor dicho, desvela el verdadero sentido de la existencia, la auténtica realidad que suele camuflarse tras el sucedáneo que cotidianamente vivimos. Y sus palabras resuenan con firmeza, catalizan respuestas internas que andaban paralizadas, evidencian en el receptor la certeza de que ha de emprender la búsqueda del autoconocimiento.

Su mirada transmite serenidad oceánica, sus palabras trenzan un mensaje de sabiduría perenne pero actualizada a los tiempos que nos tocan vivir. Su único afán es compartir las instrucciones fundamentales para alcanzar una vida con mayor plenitud y jaspeada de gozosa existencia. Eso lo lleva haciendo desde hace muchos años, su discurso es transpersonal y tremendamente humano. Trata de señalarnos el camino de la autorrealización, el “mapa del tesoro” como a él le gusta llamarlo. Él simplemente indica direcciones que los demás deben atreverse a transitar. A fin de cuentas, el camino es una cuestión estrictamente personal, nadie puede interferir, pero Lorenzo no se cansa de animarnos a dar el paso.

Una de sus grandes influencias es Antonio Blay, filósofo catalán que falleció en 1985 y al que se le considera el precursor de la psicología de la autorrealización en nuestro país. Su obra constituye un estupendo legado para el conocimiento humano ya que trató de aunar la psicología moderna con la vertiente humanística; pero Blay se atrevió más y realizó una labor de maridaje al tratar de unificar los criterios de la trascendencia oriental con los postulados occidentales.

El puertollanense Lorenzo García Carpintero se embarcó en esta odisea capitaneada por Blay. No es partidario de las clasificaciones y menos de definirse como un profesional o terapeuta en el campo psicoespiritual, “simplemente me considero una persona humana dispuesta a compartir mis vivencias y servir de apoyo a aquellas personas que estén en la misma dirección, que busquen respuestas al sentimiento de no encontrarse bien consigo mismos”. De esos, en los tiempos que corren, hay una legión, Lorenzo lo sabe y está a plena disposición de aquellos que no logran salir del atolladero que supone no sentirse conectado a la vida.

En uno de sus libros Blay asegura que la base de la felicidad está en lo interno. Cuando alguien afirma que “yo sería feliz sólo si mis circunstancias externas cambiasen, si las personas que me rodean fueran de otro modo, si yo tuviera una situación económica distinta a la que tengo”, ya está cometiendo un grave error pues si seguimos al pie de la letra el dictado de Blay “lo exterior está compuesto de cosas muy necesarias pero las conseguiremos sólo a través del interior”.

Lorenzo comparte esta premisa afirmando que “los problemas que nos suceden no vienen dados por una determinada situación exterior si no por el modo de vivir las situaciones. Y si no cambiamos el modo de vivir no puede cambiar la situación de un modo efectivo”. Por tanto, aquél que esté dispuesto a dar el gran paso debe comenzar un asombroso viaje al centro de uno mismo.

El despertar se llama darse cuenta

La hoja de ruta a emplear se llama plena conciencia o darse cuenta, que vendría a ser como la llave maestra que abre los bloqueos existentes en nuestras vidas. Lorenzo cree que “repetir aquellas situaciones que nos provocan sufrimiento viene como consecuencia de un condicionamiento, de la idea que tiene uno mismo de sí mismo, lo cual nos aboca a actuar de una manera y no poder salir nunca de esta dinámica”. Sin embargo, darse cuenta no vendría a ser como un salirse por la tangente si no la auténtica clave para descondicionarse, para ir quitando esa silicona mental que hemos puesto en la puerta de nuestro interior. Hablando en plata, ser consciente implica quedarnos en cueros, quitarnos los ropajes de la personalidad “y no cambiar un comportamiento por otro con arreglo a la idea que sigo teniendo de mí”, afirma Lorenzo.

Una visión que choca frontalmente con el campo de actuación de la psicología oficial, más acostumbrada a remendar los males a través del empleo de técnicas. Metodología que cuestiona Lorenzo al considerar que “cuando el psicólogo pretende meter a la persona en la técnica volvemos al error. A medida que uno trabaja con la gente se da cuenta que uno debe entregarse, desvincularse de la creencia de que uno es el experto y el otro es el paciente, así el trabajo y la vida se vuelven más efectivos. Se trata de dominar el arte de vivir, eso no se consigue con ninguna técnica psicológica”.

Inicialmente, la persona que acude a Lorenzo sufre una ruptura de los esquemas cuando se entera de que el remedio para sus males emplea como fórmula magistral el conocerse a uno mismo. Más de uno se estará haciendo la pregunta ¿Eso es todo?, a lo que Lorenzo responde: “en definitiva, es la persona la que tiene que cambiar, siendo consciente de sus propios conflictos, conociendo cómo funciona su dinámica mental. No es el terapeuta el que cura, al menos no es mi forma de trabajar, yo sólo señalo itinerarios pero ya depende de uno el querer dirigirse hacia ellos“.

Bajo este patrón de actuación, la persona debe decidir entre la verdad y lo convencionalmente correcto. Lorenzo es de la opinión que “la realidad no deja de ser una interpretación y cuando uno descubre esto se da cuenta de lo importante que es emplear de mejor manera su inteligencia, su energía combativa, su capacidad de aprender y sobre todo su amor”. En el fondo, y de nuevo volvemos a Blay, la personalidad total es un sistema de energías (vital, afectiva, mental, intuitiva, estética, ética,etc) y la manera de vivir en armonía consiste en el empleo resolutivo de cada una de ellas.

Especial hincapié hace Lorenzo en la faceta afectiva. “Casi todos, hoy en día, tenemos vacíos afectivos que pretenden rellenarse con, por ejemplo, que alguien les quiera. Pero nadie cae en la cuenta de que si me quiero llenar de amor, tengo que tener una actitud de entrega, de darme a los demás, esa es una actitud que puedo potenciar con mi atención consciente, cuánto amor doy en cado momento y expresándolo”, es decir ejercitarlo para su movilización.

Lorenzo propone es desterrar nuestra creencia en que somos alguien en particular, un individuo distinto a los demás, en definitiva, dar al traste con la visión dualista tan legitimada en nuestro sistema de creencias. Y si en realidad no somos importantes ¿supone esta revelación tener que despojarnos de todo? “Todo lo contrario, se trata de estar presente en todos los aspectos de nuestra vida, en el aquí y el ahora, en reorganizar a cada momento las ideas que tengo de mí y que me alejan de la unión con todas las cosas”.

Lorenzo insiste en la capacidad de darnos cuenta de cómo actuamos y pensamos, cualidad con la que poco a poco erosionaremos esa falsa dependencia de nuestro ego. “La causa de los conflictos está en la inseguridad. Lo cierto es que la seguridad está en lo que soy y no en lo que tengo, pues todo eso es transitorio, nada permanece como así nos lo demuestran las últimas teorías de la Física actual. Por muy frívolo que parezca decirlo, todos somos una recreación del mismo universo”.

La hegemonía del dualismo se debe, según Lorenzo, a la permanencia de un tabú en nuestra sociedad como es preservar con uñas y dientes la idea de la individualidad, el ser una cosa pequeña frente a la grandeza que nos rodea. Por lo que Lorenzo aconseja “dejar de lado esa tendencia a que las cosas sean como uno cree que deben ser. Adquirir confianza en el propio hecho de vivir, reaccionar de forma natural a las circunstancias, es ese pensar lo que distorsiona la forma de enfrentarnos a las cosas que nos suceden, anteponer el pensamiento a las cosas que se viven, anteponer el personaje al Ser; debemos convertir a la mente en una herramienta para nuestro propio bienestar” explica.

Asegura que ya somos ese amor, esa libertad y esa verdad que anhelamos. Se trata de expresar todo lo anterior en el plano de la acción. Y sobre todo vivir, porque ya somos vida.

Escucha a Lorenzo hablar sobre el significado de la Autorrealización

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Acerca de Demoxia

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